Circula por la Red un Manifiesto andaluz  en el que se denuncian los recortes del PP, no sólo en materia educativa, sino también en lo que concierne a cualquier variante de las, así llamadas, políticas sociales. Lo firman CCOO, UGT, USTEA, CGT, los padres de la CODAPA y los hijos del Sindicato de Estudiantes. Es decir, la izquierda sindical. La similitud ideológica de los abajofirmantes se deja notar en un discurso que mezcla algunas reivindicaciones sensatas con los acostumbrados eslóganes de cuño anticapitalista: más Estado y menos Mercado, proponen.

Pero no es de protestas, recortes o ideologías de lo que vamos a hablar hoy.  Lo que llama la atención del Manifiesto, más allá de apelaciones a la resistencia, es lo mal escrito que está. Cosa notable, tratándose de organizaciones vinculadas, de uno u otro modo, a la enseñanza.

La soflama abochorna ya desde la primera frase:

La decisión adoptada por el Gobierno de España de recortar el gasto educativo a través del empeoramiento de las condiciones de trabajo y de la pérdida de empleo público, están destruyendo día a día el Estado del Bienestar, patrimonio de la ciudadanía que de forma insuficiente se ha ido construyendo en España y Andalucía en las últimas décadas.

 Por de pronto, un error de concordancia (“La decisión… están”) y la omisión de una coma que nos sume en la duda de si la construcción insuficiente afecta al Estado o a la ciudadanía. También es discutible que el gobierno recorte “a través del empeoramiento”. Más bien es este deterioro consecuencia de aquellas podas.

 A continuación se afirma que:

 El Estado del Bienestar enraíza con la existencia de unos servicios públicos de calidad

Soslayando la obviedad del aserto, hubiera sido preferible “enraíza en”. O, modificando ligeramente el sentido, “entronca con”.

La sintaxis es tortuosa y reiterativa, propensa al anacoluto; el léxico, pobre. Y se detecta un uso y abuso del gerundio, quizá por aquello de que el movimiento (sindical) se demuestra andando:

El Gobierno del Partido Popular sistemáticamente está adoptando medidas que están suponiendo una fuerte reducción del gasto en políticas compensadora (sic) de desigualdades destruyendo con ello el modelo social y democrático de derecho que nos ha costado tantos años construir, devolviéndonos así al pasado.

A veces, a la pobreza expresiva se suman afirmaciones de espinosa interpretación:

Los recortes en la educación pública andaluza están viniendo y se pueden acrecentar tanto por el empeoramiento de las condiciones de trabajo del profesorado y de los trabajadores de la enseñanza como por los servicios y la atención que realiza este servicio público…

Los recortes “están viniendo”. La verdad es que dicho así, con ese timbre de clarín apocalíptico, acojona. Por lo demás, si hay que hacer caso al redactor, los servicios públicos serán responsables del incremento de los recortes. Ajá. Tampoco es desdeñable la precisión quirúrgica con que se nos informa de “las condiciones de trabajo de los trabajadores” y de “los servicios que realiza este servicio”.

Aumentar el número de alumnos por clase y la supresión de los programas citados, perjudica principalmente al (sic) nuestro alumnado y fundamentalmente a los más débiles de entre ellos, aquellos que necesitan una atención más individualizada y de refuerzos educativos, sobre todo porque estos recorte (sic) inciden en los niveles de calidad y conocimiento.

“Aumentar… y la supresión”. Poco elegante. Mejor: “El aumento… y la supresión”. Dos adverbios con el sufijo –mente  casi consecutivos. Cacofónica rima: ellos/aquellos. La construcción “atención… de refuerzos educativos” es, asimismo, mejorable. De la arritmia prosódica, ni hablamos.

Más inconsecuencias sintácticas:

Perjuicios evidentes también para las familias, que se verán obligadas a trabajar una escuela paralela con refuerzos extraescolares, las que se lo puedan permitir, en definitiva es un grave perjuicio a toda la Comunidad Educativa.

La palabra perjuicios abre y cierra la confusa oración, como si el escribiente se hubiera extraviado en sus propios non sequitur y retrocediera, desesperado, al punto de partida. “Trabajar una escuela paralela” es expresión ramplona. Por no hablar de que la frase resaltada en negrita carece de sujeto.

No es necesario seguir. Una lectura superficial del texto les dará una idea de la calidad literaria que se despacha en las centrales del sindiqueo patrio. ¿Es posible que quien defiende la enseñanza pública constituya el peor ejemplo de sus frutos? No sólo es posible, sino que es perfectamente lógico. Ninguno de estos sindicatos tuvo nada que decir cuando las cifras de fracaso escolar crecían de forma monstruosa. A todos ellos, la LOGSE (y la LOE) les ha parecido siempre una magnífica idea, por más que la chuscada nos esté costando generaciones enteras de parados juveniles. Ninguno denuncia que bastaría con eliminar las subvenciones a partidos, sindicatos y patronal para ganarle una buena porción de terreno a esa cifra de 600 millones que debe recortar el gobierno andaluz. O con suprimir los más de 100 millones dilapidados a costa de la gratuidad de libros. O los 50 millones del fracasadísimo Plan Escuela TIC 2.0. Se lamentan por los recortes, sí, pero no proponen sino el mantenimiento del status quo, como si aún viviéramos en los tiempos de la opulencia.

Es comprensible que quien ha asistido satisfecho al desmantelamiento de la enseñanza pública (el de verdad, el que lleva produciéndose más de veinte años) produzca un engendro lingüístico como el arriba descrito. La incompetencia y la chapuza son las señas de identidad de quienes viven en grata connivencia con los poderes públicos. No nos representan, no.

Y mucho menos, cuando escriben.

 

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