El programa educativo del PSOE, como cabía esperar, es la reafirmación orgullosa de un sistema malogrado. Apenas hay aportaciones nuevas, y, desde luego, ninguna que pudiera contribuir a una mejora efectiva. Si el programa del PP exprime el campo semántico de la meritocracia, los socialistas se refocilan en el igualitarismo y la socialización.

El primer compromiso pasa por invertir más dinero, lo cual sirve para alimentar la leyenda urbana de que la LOGSE es un maravilloso paradigma que si fracasa es sólo por falta de recursos económicos. Que el PSOE no piensa tanto en términos académicos como socializantes lo demuestra el hecho de que una de las prioridades señaladas en primer lugar sea la coeducación. El redactor del texto lo expresa de un modo singular:

El sexismo y los comportamientos violentos se aprenden desde la infancia por lo que la población diana para trabajar en igualdad debe ser la infancia y las instituciones socializadoras por excelencia: la escuela y las familias. La formación y sensibilización de estos agentes es clave para que la infancia crezca en valores de tolerancia, igualdad y respeto. Para lograrlo es necesario garantizar que no exista separación entre niños y niñas en todos los centros financiados fondos públicos.

Esto de la población diana no es la mejor metáfora posible, pero sí muy ilustrativa del sostenella y no enmendalla socialista. Más risible es establecer una relación causa-efecto entre la educación diferenciada y la violencia sexista, lo que deja ver que la voluntad del socioingeniero no es tanto prevenir ciertas actitudes como imponer su particular visión del mundo.

Como en el programa popular, los socialistas dan una gran importancia a la selección y formación del profesorado. Se incluye la rubalcabiana idea del MIR docente, que, sobre el papel, se parece mucho a los actuales períodos de prácticas. De estas intenciones se colige que lo esencial no es tanto la formación científica como la pedagógica, lo que concuerda con el catecismo logsiano de que lo importante no son los contenidos sino los procedimientos. Por otro lado, los sistemas de evaluación fomentarán la deliciosa paradoja de que los “mejores” maestros serán recompensados con su alejamiento del aula:

El sistema de evaluación permitirá identificar a los mejores docentes, los cuales serán incentivados para ingresar en el grupo de profesores de apoyo, desde el que realizarán tareas de orientación y asesoramiento en los centros con mayor índice de fracaso escolar, además de coordinar el funcionamiento de las aulas de refuerzo en dichos centros y participar en el diseño e impartición de los programas de formación permanente del profesorado.

Pese a que continuamente se nos repite la matraca de que la evaluación del alumno no ha de ser resultadista, el PSOE modifica ese criterio cuando se trata de valorar la actuación de los centros:

Con ese fin estableceremos, en el marco de convenios con las respectivas Comunidades Autónomas, contratos-programa con los centros que fijen objetivos específicos para mejorar el rendimiento, tanto en las tasas de éxito escolar como en las de continuidad en estudios postobligatorios. Los contratos-programa deberán explicitar los compromisos de los centros para mejorar sus resultados y los recursos que deben aportar las administraciones. Impulsaremos la autonomía real de los centros para que puedan alcanzar los objetivos de mejora específicos previstos en los contratos-programa e implicaremos a las Comunidades Autónomas en su desarrollo a través de los oportunos convenios.

Aquí sí se tasa, vaya que sí. Y el modo que ha tenido el PSOE de favorecer estos resultados y maquillar las penosas estadísticas de fracaso escolar ha sido rebajando los niveles de exigencia y premiando económicamente un mayor índice de aprobados sin pasar por la criba de los controles externos. No parece que este modus operandi vaya a sufrir cambio alguno.

El entramado LOGSE se mantiene tal cual, con los mismos lastres de los últimos veinte años: promociones automáticas, comprensividad, competencias básicas, y bachillerato mínimo. Bachillerato que, según se dice, será “flexible”; esto es, el alumno podrá matricularse de asignaturas, “completándolo en el número de años que requiera, según sus posibilidades.”

Otras apuestas son el bilingüismo, las becas-salario, la participación de las familias, la inculcación de hábitos saludables, los recursos comunitarios y la mediación cultural; siendo así que la Escuela queda dibujada como un gran centro de asistencia social.

No falta la mención a la Escuela 2.0, que, se dice, nos ayudará a cambiar nuestro modelo productivo. Lo que no aclara es si lo harán las máquinas por sí solas o se precisará de algún homínido que las maneje.

En resumen: Nada nuevo bajo el Sol. El PSOE se muestra satisfecho de sus éxitos, lo cual que estaría bien si no fuera porque tales logros consisten en haber aniquilado la formación de varias generaciones, pasadas y futuras.

Aquí, el programa:

PSOE

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