Etiquetas

DE LA TRANSVERSALIDAD

El Departamento de Música no programa contenidos transversales, por una sencilla razón: ni sabe ni quiere hacerlo. Un “maestro” ha de ser persona firme y justa, además de experta en el saber que transmite. Todo lo demás son aditamentos que contribuyen a la dilución de la asignatura en un liviano caldo de consignas conductuales.

El buen maestro ha de ser, en sí mismo, un garante de los valores morales y cívicos, sin tener la necesidad de explicitarlos a cada paso. En este sentido, me acojo a la sentencia kantiana: “Actúa de forma que la máxima de tu conducta pueda ser siempre principio de una ley natural y universal”. Libertad individual, respeto al prójimo, igualdad de derechos, formación: estos cimientos deberían bastar para construir un ser autónomo. Pretender que en la clase de Música se hable de subdesarrollo, paro, consumismo, drogas, cambio climático, como si fueran éstos asuntos sobre los que ya existe un juicio universalmente válido, supone una peligrosa intromisión de la sociología en el mundo académico.

La transmisión del saber debe partir de presupuestos lo más objetivos y científicos posibles, principio que la superficial implantación de estos contenidos transversales no puede cumplir. Un tema como el consumismo no debe reducirse a tres o cuatro píldoras de fácil ingesta, so pena de limitarse a un estadio de mera opinión. De este modo es previsible que se incurra con demasiada frecuencia en el eslogan, con todo su pernicioso potencial reduccionista. Por no hablar de cómo dicho asunto será tratado desde puntos de vista opuestos en función del profesor y su particular orientación ideológica. Resulta extraño que se fomenten tales contenidos a partir de la hipótesis de que todos los maestros son competentes para hablar de ellos. Ningún asunto social responde a una perspectiva única, como fácilmente se puede deducir del debate político al que asistimos día tras día.

La transversalidad, en suma, promueve la doxa en lugar de la episteme, contribuyendo a que en la Escuela se instauren modas ideológicas que, en muchos casos, suponen una intromisión del Estado en aspectos educativos que no son, o no habrían de ser, de su estricta competencia.

Anuncios