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Nueva entrevista al Consejero de Educación Andaluz. Trabajo duro para los exégetas.

http://www.elcorreoweb.es/andalucia/114165/pondremos/tutor/maestros/necesiten/mejorar/clases

 

Vayamos por partes:

La futura la ley de igualdad de trato, que niega los conciertos a los colegios que discriminen por sexo, ¿cambia algo en Andalucía?
-Cambia en el sentido de que nos otorga una mayor fortaleza en nuestra decisión legítima de que los centros que discriminan por razón de sexo no ha lugar a que sean sostenidos con fondos públicos. En Andalucía tenemos 12, que ahora están pendiente de un fallo del TSJA. Cuando la ley entre en vigor, quedarán extintos esos centros. Aunque no tendrá efectos retroactivos sobre los que ya estén funcionando.

El Consejero se ufana del poder coactivo que le confiere el Imperio de la Ley(re). Pues vale. Algún día abordaremos el asunto de la educación diferenciada, tan discutido como discutible. Sobre todo, cuando los índices de fracaso escolar masculino siguen su ascenso imparable. Imagino que sobre este particular nada tienen que decir los prohombres y las prohembras “de género”, por más que tales cifras sugieran la “fortaleza” discriminatoria del sistema educativo vigente. Muy al contrario, los responsables de co-educación (mujeres, en su mayoría) señalan la preeminencia de las féminas como un logro incontestable de la sociedad contemporánea. Nada más triste que esa sonrisa de condescendencia al desgranar los porcentajes de aprobados y cates como si cada uno de ellos fuera un orgulloso ídem en el rostro del viejo paradigma androcéntrico.

Por lo demás, a De la Chica le parece legítimo retirar las subvenciones a los centros privados que no admitan niñas (o niños). Por omisión, colegimos que le parece lógico financiar con dinero público a otros centros privados. Colegios que, claro está, pueden reservarse el derecho de admisión y aplicar criterios selectivos ausentes en la enseñanza pública. Es decir: a De la Chica le parece legítimo financiar la discriminación al mismo tiempo que la prohíbe.

Acerca de la formación continua de los maestros, esos grandes mamíferos que necesitan más actualizaciones que un tablet, dice Don Francisco:

Ya podemos identificar a los maestros de alto desempeño en un aspecto singular y concreto del proceso educativo. Profesores excelentes, auténticos expertos en enseñar la lectura en los primeros años, por ejemplo, o el cálculo, o especialistas en Historia. Hay miles. Debemos identificar a esta gente y que sean parte activa del hecho formativo durante un plazo limitado. Si tienes a un buen profesional le puedes pedir, siempre voluntariamente: usted está en condiciones de formar durante un año a otros maestros -200, 300, habría que afinar- sobre su experiencia profesional. Y una vez que concluya, devolverlo al sistema.

Llámenme loco, pero detecto en el Consejero resabios estilísticos de nuestro mayor resabio: Eduard Punset. No sabemos cómo, ni con qué fundamentos, ha llegado a adoptar esa pose de científico radial 2.0: “Ya podemos identificar…” Y no de cualquier modo, no: “… en un aspecto singular y concreto del proceso educativo.” Tanta precisión entomológica parece desvanecerse en las siguientes líneas. ¿O es que acaso la Junta contrata para la asignatura de Historia a especialistas en Ornitología?

Ustedes dirán: no conviene exagerar, es bueno aprender de otros, la trasmisión de la excelencia no es plato que pueda rechazarse… Pero me lo dirán sólo porque aún no saben en qué indicadores se basa la selección de expertos:

Tras cuatro pruebas de diagnóstico, ya empezamos a conocer las excelentes prácticas educativas, los centros que están logrando estándares muy altos de rendimiento, por encima de la media. Queremos difundir el trabajo de quienes lo hacen mejor e intentaremos ponerles en circulación dentro del sistema. La formación permanente nos la demandan los 120.000 profesores que tenemos, pero nunca, hasta ahora, hemos tenido un sistema que acredite las cualidades de cada uno de ellos.

“Tras cuatro pruebas de diagnóstico”… Esas pruebas que lo más que llegan a certificar es un nivel mínimo de comprensión lectora. Las mismas pruebas que incluían una canción de Andy y Lucas como texto para la escolar hermeneusis. Unas pruebas, insisto, que  evalúan el grado de alfabetización de nuestros alumnos. Eso es lo que va a medir la excelencia de un profesor de Secundaria, hasta elevarlo a la condición de Maestro de Maestros. Con criterios tan exigentes, no es de extrañar que haya “miles” de candidatos potenciales.

De la Chica afirma “conocer” las escuelas que alcanzan “estándares muy altos de rendimiento”. Lo curioso es que, aunque el ciudadano los conociera, no le quedaría más que resignarse y envidiar la suerte de quienes  están adscritos a esa concreta jurisdicción escolar. El contribuyente paga, pero, por supuesto, no elige. En lo que se refiere a elegir, ésta es potestad de los burócratas, quienes “ponen en circulación” o “devuelven al sistema” con admirable pasión mecanicista.

Elegir a los profesores buenos es fácil, pero ¿quién decidirá qué maestros necesita un tutor para aprender a enseñar mejor?
-Cada centro escolar seleccionará a los suyos. Los colegios y maestros van a rendir cuentas ante la administración, pero sobre todo ante la comunidad educativa a la que sirven. El consejo escolar debe saber exactamente cómo se trabaja, qué esfuerzos se hacen y qué rendimientos se obtienen… El sitio de diagnóstico y acción inequívoco es el centro educativo. Y uno de los aspectos en los que va a tener un protagonismo grandísimo será en la formación que necesitan sus docentes. Ahora ya sabemos con certeza los que han logrado objetivos y los que no han conseguido mejorar.

Este hombre está lleno de certezas, pero nos es imposible saber en qué se basa. ¿Hay alguna prueba externa, más allá de la pamema diagnóstica, que garantice el valor de los aprobados? ¿Qué objetivos son esos? ¿Qué competencias reúne el Consejo Escolar para decidir quién “necesita mejorar” y quién no? Tiemblen aquellos profesores exigentes que aún conservan la funesta manía de suspender, pues de ellos es el Reino de los Cielos Tutoriales. En serio: ¿alguien se imagina a un papá (o una mamá, no se vayan a ofender) emitiendo, con rictus catedrático, un voto favorable al adiestramiento del profesor de Física? Las palomas disparando a las escopetas. ¡De qué magníficas purgas vamos a ser testigos, estimados colegas!

De la Chica habla de rendir cuentas, lo cual está muy bien. Siempre que las cuentas estén claras. Pero, ¿lo están?:

Cuando hablamos del Plan de Calidad y de rendición de cuentas, hablamos de la capacidad de definir responsabilidades y fijar adónde se puede llegar desde el punto de partida de cada uno. No es que todos los niños tengan que sacar sobresaliente.

¿Se entiende? Permítanme que trate de explicarlo. Los contenidos comunes – que contempla el BOE – no se “fijan” desde criterios individuales. Lo que se establece como plan de estudios no depende de las condiciones de partida, sino de los objetivos que es necesario alcanzar para obtener un título. Al contemplar tantos horizontes posibles como individuos existen, tales contenidos pierden su valor universal para disgregarse en una suerte de enseñanza idiosincrática. De forma velada, se nos dice que hay que evaluar a un alumno con independencia de si ha alcanzado los objetivos, lo que acaba por significar que dichos objetivos no eran tales. Como el espíritu del Plan de Calidad es incentivar económicamente un mayor número de aprobados, es fácil suponer que el rendimiento de cuentas tendrá que ver con este candor estadístico y no con la auténtica calidad de lo que aprenden nuestros alumnos.

De lo que no cabe duda es de que la retórica de nuestros amigos socialistas despide un aroma “democrático” que embriaga y sulivella:

Entiendo que entonces no seguirá siendo voluntario…
-Desde luego,algunas medidas de las que te he dicho serán obligatorias. Se esté o no se esté en el Plan de Calidad, los resultados de las pruebas de diagnóstico van a servir para prescribir decisiones. No estar en el Plan de Calidad no es no estar en los procesos de evaluación y de rendición de cuentas. Va a rendir cuentas todo el sistema educativo, de arriba abajo, y de izquierda a derecha.

Nota bene: el Plan de Calidad fue anulado en una reciente sentencia del TSJA, precisamente por “no vincular la consecución de los objetivos educativos con la percepción de incentivos”. Aún así, De la Chica pretende vertebrar sus reformas vanguardistas en un Plan que, como el propio Tribunal puso de manifiesto, contradice la propia Ley de Educación Andaluza. Glorioso.

En resumen, más de lo mismo, más doblelenguaje. La Junta trata de identificar grandes maestros, pero organiza unas oposiciones paralelas para colocar a todos los interinos. Resultado: opositores libres con una nota de diez se quedan “fuera del sistema”. La Junta busca la excelencia, pero fundamenta su posible hallazgo en unas pruebas de alfabetización básica. La Junta quiere difundir las “buenas prácticas educativas”, cuya bondad consiste en un baremo estadístico: tanto apruebas, tanto vales. La Junta dice tener herramientas objetivas con que valorar el desempeño docente, pero deja la decisión en manos del Consejo Escolar, poblado de legos.

Les dejo que buceen en las chiquipalabras de Don Francisco. Pero no sin antes seleccionar algunas de sus más deslumbrantes gemas literarias:

– “Debemos identificar a esta gente y que sean parte activa del hecho educativo.”

– “Dan clases magistrales desde el punto de vista modélico a los niños, con su profesor presente, y así aprenden el niño y su profesor, los dos.”

– “El sitio de diagnóstico y acción inequívoco es el centro educativo.”

– “La tradición es que cuando tú implementas un recurso como ése lo extiendes como una mancha de aceite por el conjunto del territorio con carácter igualitario.”

– “Llegará un momento en que las políticas puestas en marcha por el Plan de Calidad no sean coyunturales y tendrán carácter general, pero primero hay que pasar por los procesos de experimentación cómplice.”

Y la mejor:

– “No somos dogmáticos y todo lo que sea susceptible de mejorar, lo cambiaremos.”

Y yo me pregunto: A usted, Excelentísmo, ¿qué tutor le buscamos?

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