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Días 11 y 12

El visitador vuelve a su vida normal. Fin de los itinerarios tortuosos, de las carreteras secundarias y el callejeo árabe bajo la lluvia. Fin de las cancelas electrónicas, de los tablones ahítos, de los conserjes recelosos. Fin de los idénticos extrarradios, del caminar en círculos y de las inquisiciones circulares. Fin de campaña.

El visitador vuelve a su vida normal, si es que existe algo semejante. Pues si un grupo de profesores ha creado [PIENSA] es, precisamente, para que lo normal deje de serlo. Para que lo estatuido como normal se convierta en algo deliciosamente otro. Para que la cejiJunta normalidad del Sistema  reviente en una carcajada de amor pánico.

El visitador vuelve a su vida normal. Pero su vida normal es la diaria constatación de que “algo no funciona en el mundo”. De que lo asumido como norma es, en realidad, una impostura. Una gran estafa.

Mañana es un día para [pensar], dicho sea con escasa sutileza persuasiva. Podemos elegir la pastilla azul y seguir aceptando la domesticadora caricia de las frases hechas.

O podemos elegir la pastilla roja y descubrir “hasta dónde llega la madriguera de conejos”. Y de conejerías.

 

Pensemos, pues.

 

P.S.: Esta mañana visité el Polígono Sur de Sevilla, donde, en algunas zonas, los bloques de pisos parecen cuerpos desustanciados, esqueletos húmedos y amarillos. A quienes trabajan en esas zonas – Norte o Sur, Vacie o Las Vegas – todos mis respetos.

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