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Día 7

Hoy, en Alcalá de Guadaíra, le pregunté a una mujer joven si conocía el Instituto X. Puso cara de conocerlo muy bien, y de que más le valiera no haberlo conocido.

– De ahí vengo yo, precisamente – dijo.

Me dio indicaciones precisas de cómo llegar, moviendo las manos como una bailaora y dándome detalles de lo que me encontraría a mi paso.

Cuando llegué al confín del pueblo, el Instituto X no estaba allí. En su lugar había un Colegio de Primaria, al final de unas escaleras que eran el corolario burlón de un falso itinerario.

– No, hijo. El Instituto X está en la otra punta del pueblo – me explicó la conserje.

No suelo blasfemar ante desconocidos, por lo que le ahorré a la buena señora una bajada completa del santoral cristiano. Mientras hacía el recorrido inverso, trataba de imaginar las razones que habría tenido aquella mujer, fingida Ariadna, para extraviarme en el laberinto. Tal vez, pensé, venía de una reunión turbulenta con el tutor de su hijo. Quizá me vio pinta de profesor, esa casta despreciable, y disfrutó conmigo la venganza que no podía tomarse con los maestros de su retoño. Luego mis reflexiones se hicieron más complejas y sutiles, empeñado como estaba en penetrar la psique de mi circunstancial guía:

– Qué hiiiiiija de puta….

En uno de los institutos, un profesor comenzó a leer nuestro tríptico.

Al cabo de un rato, dijo:

– No te lo tomes a mal, pero siempre he tenido la impresión de que hay en [PIENSA] algo de elitismo.

– ¿A qué se refiere?

– Este texto, por ejemplo. No creo que lo entiendan la mayoría de los profes.

– Bueno, si es así, tendremos motivos serios para preocuparnos. ¿A usted le gusta?

– Sí, sí.

– ¡Bienvenido a la élite, pues!

 

Ahora echen un vistazo al texto supra y díganme si es más o menos difícil que el Finnegan´s Wake. Que algo así pueda ser ininteligible para la mayoría de profesores sería razón suficiente para cerrar las escuelas. Si entender esas pocas líneas me incluye en una élite, entonces, como diría Morfeo, ¡yo soy el Elegido!

Pero no soy más que el visitador, un forastero engañado, un emisario de la Resistencia.

Un clérigo vagante que, aunque perdido, jamás temió perderse en el laberinto de las palabras.

Vale.

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