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Con ustedes, veinte minutos de nada, queridos amigos.

Si en Punset, gestor de melancolías, analizábamos distintos comentarios de Don Eduard al respecto de la revolución educativa pendiente,ahora asistimos a su conversación con uno de los gurús de tan anhelado cambio de paradigma.

Admiren la profundidad del diálogo, la sutileza de las argumentaciones, el rigor científico de las propuestas. Para los dubitativos, aquí les dejo un jugoso extracto de la charla, leído el cual es posible que aún alberguen dudas acerca de quién es Alcibíades y quién Sócrates:

Claudio Naranjo: “Una educación emocional, que tendría que ser una educación sin hacerle caso al hecho que la gente llega ya dañada de la escuela, la gente llega gritona o llorona, o rabiosa, o malhumorada, porque es una peste que se transmite a través de las generaciones, va de padres a hijos, es un mal, como una plaga emocional que la educación tendría la posibilidad de detener”

Eduard Punset: “Y, ¿esto lo puede enseñar alguien que también está “dañado”?”

Claudio Naranjo; “No, no. Por eso yo digo que no es cosa de formar formación formadores en la forma habitual, académica, sino que hay que introducir un elemento nuevo que es transformar, en parte es curar, pero también darle una dimensión de experiencia espiritual, aunque eso es una palabra muy polémica, esto, a los educadores, ayudar a la transformación de los educadores para que los educadores puedan contactar con su bienestar, con su…eh, sentir que…, eh…… ¡sentirse menos presa de su ego!”.

Un viejo maestro me dijo que en la forma se manifestaba la claridad del fondo. Es decir, que las ideas largamente maduradas en la despensa del cerebro debían poder expresarse de un modo bello y simple.

No así, Don Claudio.

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