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La educación emocional en los colegios es el futuro, dicen. El sr. Punset hace su papel de vocero de la buena nueva, y, con él, quizá, sus más de ciento veinte mil seguidores en Facebook. “Gestionar las emociones”: he aquí el nuevo mantra que ya se empieza a oír en las escuelas, y del que  maravilla el bordón tecnocrático que sostiene la bienintencionada plegaria. Gestionar es el verbo de moda en la actualidad. Pero no a la trágala, no:

El aprendizaje social y emocional no puede darse de forma voluntarista y espontánea, sino que debe aplicarse de forma rigurosa y controlada, de acuerdo a parámetros científicamente controlados.

Finalmente, educación emocional en los colegios (7 de abril de 2010)

Es curioso que en lo tocante a los asuntos del cuore, de suyo tan movedizos, se prescriban el rigor y el control que en los asuntos académicos son considerados neolíticas reminiscencias autoritarias. Muy curioso. Como también extraña que, en plena era constructivista, hayamos alcanzado tan “realistas” certezas en un campo sinuoso como es el de las emociones.

Navegando por la Red he visto cosas que no creeríais, he visto hasta rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser:

El SAT en la Educación

Y es que el discurso cala entre muchos maestros y profesores que, como ex-adictos, confiesan a cámara cuán ciegos estaban que no vislumbraron el poder del zen y la empatía teledirigida. Ciencia y misticismo oriental nos llevan de regreso a los instintos, al grito primordial de autoafirmación. Back to basics.

¿Cuál será, pues, a partir de pasado mañana, la misión de los sistemas educativos en el futuro? ¿Formar especialistas? No. La reforma de la enseñanza se propondrá dimensionar ciudadanos en un mundo globalizado. ¿Pertrechar las mentes de sus estudiantes? No. Los esfuerzos venideros en materia educativa apuntarán a reformar los corazones de la infancia y la juventud, olvidados por la obsesión exclusiva en los contenidos académicos.

Tenemos un sistema educativo instalado en la Prehistoria
(29 de Noviembre de 2009)


Esto afirma el sabio Punset, el profeta sentimental. Nada de obsesionarse, colegas: vuestra tarea es arrancar de los discentes una sonrisa. O, en su defecto, “dimensionar ciudadanos en un mundo globalizado”:

Docente: Verá, es que su hijo se ha cagado en mis muertos.

Madre (o, improbablemente, Padre): Ya, ya… Es que no veo yo que me lo dimensione…

Docente (pensamiento no verbalizado):  A otra dimensión sí pensé en mandarlo, no crea…

“Escenas Clandestinas de un Centro Emo-Core” (Autor Anónimo)

Comparto con Punset la tesis de que nuestro sistema educativo es un completo desastre. Pero no, como él afirma, por permanecer anclado en la Prehistoria, sino por ensayar revoluciones que nos vendieron sustentadas en bases tan científicas, al menos, como las que él mismo agita ahora sobre nuestras ignaras cabezas. Esto es: LOGSE, LOE y lo que te rondaré morena. Desde entonces, está claro que la obsesión por los contenidos no es el sello distintivo de nuestros institutos: bachillerato mínimo, títulos en almoneda, volatilización de las asignaturas, condena burocrática de la excelencia, competencias básicas, adaptaciones al contexto, diversificaciones curriculares, promociones automáticas… ¿Obsesionados? Descuide, Don Eduard: se han puesto ya los suficientes mimbres como para que resulte imposible enseñar nada.

Eso sí, lo que abunda son materiales como la mochilita de la paz y el kit de salud sexual, las charlas sobre violencia de género y drogodependencias, las excursiones medioambientales y los días D: del Niño, de los Pueblos Oprimidos, de la Pax Romana, de las Tres Culturas, del Maltrato Animal y de las Rabizas y Colipoterras. Nunca hasta hoy se había insistido tanto sobre los valores y el despliegue universal de la bonhomía. Cada día, en un centro cualquiera, se celebra, de un modo u otro, la ingénita inocencia del ser humano. Y todos bailamos, alegres, el Kumbayá mientras recitamos infumables poemas sobre el canto de los grillos. Lo malo es que la legión de adolescentes a los que se bombardea con este altruismo de saldo ignora que son objeto de una gran estafa. Precisamente la que basa su timo en esconder el conocimiento tras el humo lacrimógeno de las emociones.

En cualquier caso, se objetará, habremos conseguido formar mesnadas de jóvenes filantrópicos y solidarios. Bueno, pues qué quieren que les diga: siendo prudentes, acaso en la misma proporción que generaciones pasadas. De hecho, lo que ocurre en el día a día de un aula poco tiene que ver con estas palabras de Mr. Punset:

¿Cuáles son los cuatro deberes que los niños en las escuelas están aprendiendo ya y que, sin embargo, muchos políticos no se paran a imitar?

1. Focalizar la atención es el primero de ellos.

2. El aprendizaje social y emocional –o si se quiere, la gestión de las emociones negativas como el odio ideológico, el desprecio y la falta de empatía– constituye la segunda pauta del nuevo abecedario que se está enseñando ya a los niños, pero que desconocen todavía los dirigentes empresariales y políticos.

3. La resolución de conflictos es la tercera pauta

4. Por último, están disminuyendo los índices de violencia a nivel mundial y aumentando los de compasión y altruismo.

¿En qué se educa mejor a los niños de hoy? (4 de Abril de 2010)

Pero, bueno, sr. Punset, ¿en qué quedamos? ¿Es la educación emocional la revolución pendiente o ya está debidamente implantada y es, así, espejo para políticos y empresarios? Obsérvese que entre una afirmación y otra median poco más de cuatro meses. A lo mejor lo que ha pasado es esto:

Por ello, nos enorgullece anunciar un programa pionero en España para liderar la introducción de la gestión emocional en el sistema educativo. La Institución Educativa SEK, en colaboración con la Universidad Camilo José Cela y con la Fundación Redes para la Comprensión Pública de la Ciencia, comenzará a aplicar en sus colegios un proyecto de gestión emocional avalado científicamente por la Collaborative for Academic, Social and Emotional Learning (CASEL).

Finalmente, educación emocional en los colegios

Ah, vale, vale… ¿He leído Redes? En ese caso, asunto resuelto, quod erat demonstrandum, ok. Chachi. Menos mal que la filantropía de los profetas garantiza la ausencia de ánimo de lucro.

Tal y como sospechábamos, pues, la revolución ya está aquí. Que exista un Teléfono de atención al docente debe de ser la consecuencia lógica de tanta inteligencia emocional desparramada por los pasillos colegiales. ¿Eh, Don Eduard?

Y, ustedes, profes, ya saben:

1. El conocimiento no transmite suficientes valores. Lo que se lleva ahora es gestionar la melancolía.

2. Están ustedes en un error si piensan que Shakespeare sabía cosa alguna sobre las emociones humanas. ¿Acaso era neuropsicólogo?

3. Los padres no están como para perder el tiempo educando emocionalmente a sus hijos. Eso es cosa suya, además de vigilar, castigar, mediar, rellenar papeles, hacer de bombero, esquivar bofetadas y ser Foucault.

4. Aquí no hay distingos: si hay que hacer una terapia de grupo y abrirse en canal los chakras, se hace. En Primero de Primaria o el día antes de la Selectividad.

y 5. Sepan que, hasta ahora, ustedes no fueron capaces de mostrar sentimientos humanos. ¡Chssst! ¿Cómo que por qué? ¡Porque ustedes son de la generación que leyó a Shakespeare en lugar de a Daniel Goleman!

Ignorantes.

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