¿Qué ocurre siempre por estas fechas? Bien, hagamos memoria: (algunos) volvemos a casa por Navidad, la gente compra lotería, el Rey (o su holograma) nos manda un mensaje atónito, los compañeros de trabajo se emborrachan juntos, nieva, las calles se iluminan, el Corte Inglés se ilumina, los rostros de los niños… se iluminan. Entre otras cosas.

Pero, cada año por estas fechas, también ocurre que en algunos colegios e institutos se prohíbe la instalación de belenes navideños. Dicen que la Ley lo dice. Y ya está. En algunos casos, la falta de coherencia llega a tal extremo que se tolera el abeto artificial, con sus cristianas bolitas colgando. Los iconoclastas aducen que no se puede ofender a nadie con la ostentación de símbolos religiosos, como si en lugar del Misterio tuviera lugar en el Portal un cruentísimo rodaje de “snuff movie”. Qué cosas.

No tengo ganas de discutir este particular con nadie. Me da una pereza de tipo cósmico. Por otro lado, la proliferante casta de los “ofendidos” suele ser gente impermeable a la persuasión. Hasta comprendo el sufrimiento espiritual que deben padecer, expuestos como se hallan a la contemplación de estampa tan siniestra y amenazadora. Ya no digamos si a alguno se le ocurre aderezar los alrededores de la cueva con simpáticos “caganers”…

Bueno, ¿qué importa? Nuestros colegios e institutos suelen ser espacios bellos y acogedores, ofrendas de hormigón a la diosa Belleza. Bien está que no se ensucie su grandeza arquitectónica con la imagen de tres peligrosos desharrapados.

(Nota: el autor de este blog les advierte de que ciertas escenas del primer video contienen material explícito que puede herir su sensibilidad. Manténgase fuera del alcance de los niños).

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