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El poema hermético

Creí que llegaría un mensajero:

un Hermes taciturno y aburrido

de tantas diligencias misteriosas.

Creí que con mirarle alcanzaría

el don de conocer todos los nombres.

Aún estoy aquí, durmiendo al raso.

Y en las noches heladas, un aliento

remoto y melancólico me abriga

con la breve sentencia de sus plumas.

Hay más encrucijadas

que caminos.

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