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En suma, ¿cuáles son esos falsos mitos que el Informe Mckinsey echaría por tierra?

1. El mito constructivista de que los niños “inventan” el conocimiento. Muy al contrario, los sistemas exitosos establecen estándares académicos cuyas expectativas deben satisfacer todos los alumnos.

2. El mito transformativo que “tiende a minimizar la importancia de las habilidades básicas (lectura, escritura, aritmética) en la creencia de que son innecesarias” (Gardner, 1993). No sólo son necesarias, sino que constituyen el fundamento para cualquier posterior desarrollo en el aprendizaje.

3. El mito comunitarista que condena la existencia de cualquier medidor objetivo basado en criterios de excelencia: exámenes, evaluaciones, etc. Es imposible mejorar algo que no se mide.

4. El mito antiliberal que anatemiza cualquier actuación basada en la competencia y los métodos propios de la empresa privada. Por el contario, estos sistemas seleccionan a los mejores y, en algunos casos, emplean técnicas de marketing para tal fin.

5. El mito pedagógico que sitúa su verborrea logoteórica muy por encima de la experiencia docente. En los sistemas estudiados por McKinsey se da prioridad a la práctica en escenarios reales, y los “líderes de instrucción” son siempre profesores reconocidos por la eficacia de sus procedimientos en clase.

6. El mito administrativo de que todo se solucionaría con menos alumnos por aula y mucho más dinero. En los países asiáticos, la ratio casi duplica el promedio de la OCDE, y, sin embargo, sus resultados son excelentes.

7. El mito determinista que vincula el rendimiento académico con el contexto socioeconómico del alumno. Las puntuaciones de estos países muestran escasa correlación entre los resultados y el entorno familiar de cada estudiante.

8. El mito igualitarista que trata de poner en un plano de igualdad al maestro y al alumno. Por contra, el estatus docente en estos sistemas es muy alto, contribuyendo a una equivalente valoración social de su trabajo.

9. El mito burocrático que mantiene a los profesores ocupados en el tráfico de impresos antes que en el tráfico de ideas. Los mejores sistemas educativos eximen al docente de ser un mero Bartleby. Simplemente, “prefieren no hacerlo”.

y 10. El mito buenista de que la inculcación de “valores” garantiza la bondad intrínseca de un sistema educativo. Aunque sólo sea por omisión, ya que en el citado informe no hay ni una sola nota que identifique este propósito como una insoslayable garantía de éxito.

Además de las que corresponden a políticos y psicopedas, también los docentes debemos empezar a hacernos algunas preguntas:

¿Vamos a decir, de una vez por todas, que el problema de la Enseñanza en este país empieza por la Primaria, y, más exactamente, por la abducción que ésta ha sufrido a manos de la sacrosanta Pedagogía?

¿Vamos a reconocer que, como lo demuestran las últimas oposiciones andaluzas, los procesos de selección de personal son completamente ridículos?

¿Estamos dispuestos a competir, pues no otro es el modo de que los docentes gocen de mejor estatus y más amplias perspectivas de promoción?

¿Admitiremos que aprobar unas oposiciones no puede justificar la torpeza o la desidia de los malos profesionales?

Son preguntas sencillas. Quizá duras. Pero necesitan ser respondidas.

Si a alguien le resultan incómodas puede consolarse pensando que es tan sólo un informe. Para más inri, elaborado por esos yanquis neoliberales que no tienen ni pajolera idea de los valores progresistas que han llevado a Europa a la cima del mundo….

Vale.

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