Etiquetas

,

La Generación T

El tiempo detenido del fin de semana nos sigue dando una buena excusa para el “revival”. Si ayer rescatábamos uno de los momentos estelares de nuestra “vice” favorita, hoy recuperamos una de las iniciativas más hermosas que las administraciones públicas han tenido a bien llevar a cabo con el único y loable propósito de robustecer la sabiduría de nuestros muchachos.

Usted, progenitor incauto, quizá crea que le voy a referir una nueva y fantástica metodología para acabar con los problemas de comprensión lectora o de cálculo que ha detectado en su hijo. Nada más lejos que Finisterre. Lo que su hijo debe saber, desde bien pequeñito, es que una entidad superior vela por su bienestar apenas da las primeras voces en la sala de partos. No se trata de Dios (esa reliquia) ni de una energía cósmica que nos mantuviera en contacto con oscuras fuerzas primigenias. Hablamos de la Agencia Tributaria (pinche en el link supra.).

Así es. Los niños de 5º y 6º de Primaria acaso no deban leer según qué cosas, pero lo que han de tener muy clarito son sus obligaciones como contribuyentes. “Nacido para pagar”, chicos. Hacienda se encarga de elaborar un texto persuasivo y una pedestre animación gráfica. Sólo resta que en las escuelas se transmita este nuevo evangelio fiscal mientras los zagales cabecean el dogma como talibanillos en una madraza. Merece la pena darse un garbeo por este idílico escenario virtual que se muestra a las criaturas. So pretexto de concienciarlas de sus responsabilidades cívicas, se las señala a hierro con la T tributaria, para que no olviden a quién han de dar gracias por el pasto y el abrevadero. En este mundo de dibujos animados nada se cuestiona, y las respuestas están contenidas en las preguntas como una aleya en el carácter sagrado de su propio verbo. La educación, la sanidad, las pensiones, los espacios verdes, las bibliotecas: en manos de nuestras autoridades todo es tan perfecto y acabado en sí mismo como el Primer Motor Inmóvil. Así da gusto, qué maravilla. Y ni hablar de otro mundo posible: una sociedad sin IVA, por poner un caso, nos conduciría al peor de los círculos dantescos. Que lo sepáis.

No está mal eso de criar una nueva raza de analfabetos funcionales pero, al mismo tiempo, conscientes de a quién deben el mismo aire que respiran. ¿Es así como se forja un espíritu crítico? Unos padres liberalistas clásicos (Escuela de Chicago, es un poner), ¿estarían en su derecho de solicitar la objeción de conciencia? Qué raro me parece todo esto: alegres inspectores fiscales redactando el temario a los maestros.

Debe de estar en lo cierto el filósofo José Antonio Marina cuando repite y repite que “a un níño ha de educarlo toda la tribu”.

Sí, sí. La tribu Taria.

P.S.: El gran George lo enseñaba mejor y más ameno. ¿A que sí?

Anuncios